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Sermones sin sudar

Con frecuencia me he visto el sábado a altas horas de la noche sufriendo el sermón de mañana. Quizá sea inevitable. El parto viene acompañado de dolor.

¿Pero no sería genial, para nuestra salud cuando menos, irnos a dormir tranquilamente con el mensaje de mañana listo, sabiendo que ha sido preparado con cuidado y calidad? A cualquiera le gustaría, ¿verdad?

El asunto es ¿cómo distribuir el trabajo para que nuestro mensaje del domingo esté preparado con integridad, pero dentro del marco temporal del que disponemos? De ahí me gustaría proponer siete pasos para las tres disciplinas. ¿Por qué siete? No es por ningún significado especial que pueda tener el número siete. Más bien es porque hay siete días en la semana. Nada más.

¿Cómo distribuir el trabajo para que nuestro mensaje del domingo esté preparado con integridad, pero dentro del marco temporal del que disponemos?

El asunto es distribuir el trabajo para que cada día podamos hacer un poco más dentro de la rutina ordinaria de nuestras vidas. Además (y espero tratar esto en un momento futuro), creo que hay varias razones por las cuales los mensajes preparados a lo largo de varios días son mejores que aquellos preparados en uno sólo, normalmente.

Bueno, vale, adelanto de mi propia experiencia lo que creo que son las 2 razones principales de ello:

  1. Me da tiempo para meditar el texto más a fondo.
  2. Me da tiempo para trabajar ideas adicionales que se me presentan.

Así que ¿cómo proceder de una manera lógica? Es cuestión de distribuir las tareas correspondientes a las 3 disciplinas de una manera útil. En principio, no vería ninguna razón por la que no se podría dedicar 2 días a cada tarea, dejando el domingo para un par de asuntos especiales. Sin embargo, el volumen de trabajo natural se presta algo mejor a la siguiente distribución (entendiendo que la manera de definir los conceptos y las tareas puede variar según las personas).

  1. Lunes: Exégesis
  2. Martes: Exégesis
  3. Miércoles: Exégesis
  4. Jueves: Hermenéutica
  5. Viernes: Homilética
  6. Sábado: Homilética
  7. Domingo: Oración y Evaluación

Es decir,

exposito-1-exegesis-50pxLunes, martes y miércoles me dedico a entender
el sentido original del texto bíblico.

exposito-2-hermeneutica-50pxJueves me concentro en su significado
para los seguidores de Cristo hoy en día
.

exposito-3-homiletica-50pxViernes y sábado me esfuerzo por desarrollar un bosquejo que comunique lo descubierto de una manera dinámica.

Por supuesto doy por sentado que no siempre el trabajo nos saldrá de una manera tan nítida. Siempre hay interrupciones. A veces, nos cuesta más un aspecto que otro. En otras ocasiones nos quedamos estancados ante un nudo teológico que hay que desentrañar. Etc, etc. Con todo, me imagino que tener una estructura sencilla de este tipo nos puede ayudar mucho a la hora de organizarnos y priorizar nuestros esfuerzos cada día.

Luego añadiría un aspecto más que facilitará mucho esta estructura de trabajo: hacerlo parte de nuestra vida devocional.

Y ¿por qué no? Hay quienes piensan que el tiempo devocional tiene que ser algo aparte de la preparación de sermones. ¿Alguien me puede dar la referencia bíblica que argumente eso? Desde luego, si tu ministerio principal es la preparación de sermones, y tu sueldo está para que dediques 40 horas laborales a cada sermón puede que seas una excepción. Pero la mayoría de los que leemos estas palabras probablemente no disponemos de esa clase de lujo.

Me imagino que tener una estructura sencilla de este tipo nos puede ayudar mucho a la hora de organizarnos y priorizar nuestros esfuerzos cada día.

Pero hay otra razón que para mí es de mayor peso todavía. Preparar las predicaciones como parte del tiempo devocional puede que aporte otro énfasis al asunto. Yo no soy sólo quien predica la palabra a otros, también soy objeto de la palabra inspirada, y estudiarla devocionalmente me anima a oírla desde la misma “postura” que mis hermanos la oirán el domingo. De esta manera, acabo alimentándome yo mismo – a conciencia – del mismo alimento que pretendo ofrecer a mis hermanos.

Pero es más, al formar parte de mi rutina diaria, existe una posibilidad mucho mayor de que el sermón esté listo a tiempo ¡sin tener que sudar la gota gorda a las tantas de la noche el sábado!

Se ruega no reproducir o distribuir este artículo sin permiso.

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