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Mostrando el gran deleite de conocer a Dios

Junto con la oración, el remedio para la gente sin pasión y sin hambre y sed de Dios es mostrar a Dios mismo infinitamente más deseable —más satisfactorio— que toda la creación. El celo de Agustino para con las almas de hombres y mujeres era que vieran la belleza de Dios y lo amaran. “Si te agradan las almas, ámalas en Dios… Arrastra hacia él a cuantas puedas.” 1 “Vos [Oh Dios] sois el gozo: ésa es la vida bienaventurada, una alegría ordenada a Vos, dimanada de Vos y poseída por amor de Vos; ésa misma es, y no hay otra verdadera.” 2

Así que Agustín trabajó con todo su fuerza espiritual, poético e intelectual para ayudar a la gente a ver y sentir la satisfacción total que proporciona la supremacía de Dios por encima de todas las cosas.

Pero ¿qué es lo que yo amo cuando os amo?… No suaves melodías de cualesquiera canciones; no la gustosa fragancia de las flores, ungüentos o aromas; no la dulzura del maná  o la miel; ni finalmente deleite alguno, que pertenezca al tacto o a otros sentidos del cuerpo. Nada de eso amo cuando amo a mi Dios. Y no obstante eso, amo una fragancia, un cierto manjar, y un cierto deleite cuando amo a mi Dios, que es la luz, melodía, fragancia, alimento y deleite de mi alma.  Resplandece entonces en mi alma una luz que no ocupa lugar; se percibe un sonido que no lo arrebata el tiempo; se siente una fragancia que no la esparce el aire; se recibe gusto de un manjar que no se consume comiéndose; se posee estrechamente un bien tan delicioso, que por más que se goce y se sacie el deseo, nunca puede dejarse por fastidio. Pues todo esto es lo que amo cuando amo a mi Dios. 3

Poca gente en la historia de la iglesia ha sobrepasado a Agustín a la hora de retratar la grandeza, la belleza de Dios y lo deseable que es. Está totalmente persuadido por las Escrituras y por la experiencia de que “es feliz quien posee a Dios”. 4 “Nos criasteis para Vos, y está inquieto nuestro corazón hasta que descanse en Vos.” 5 Trabajará con todas sus fuerzas para hacer que este Dios de gracia soberana y de gozo soberano sea conocido y amado por el mundo.

Siempre estáis en acción y siempre quieto; recogiendo y no necesitando; lleváis, llenáis y protegéis todas las cosas; las criáis, aumentáis y perfeccionáis todas. Buscáis sin que os falte cosa alguna; tenéis amor y no tenéis inquietud; tenéis celos y estáis seguro; os arrepentís y no tenéis pesadumbre; os enojáis y tenéis tranquilidad; mudáis vuestras obras sin mudar de parecer. Recibís también lo que halláis, sin haber jamás perdido cosa alguna; nunca sois pobre y os alegráis con las ganancias; nunca avariento y no pedís usuras…pagáis deudas sin deber a nadie; y perdonáis lo que os deben, sin pedir nada de lo que os es debido. Pero Dios mío de mi vida y dulzura de mi alma ¿qué es todo esto que acabo de decir, respecto de lo que Vos sois? ¿Y qué es cuanto puede decir cualquiera que hable de Vos? Y así infelices y desgraciados aquellos que de Vos no hablan. 6

¡En qué predicador se convirtió Agustín en su pasión por no permanecer “silencioso” ante todos los satisfactorios placeres que proporciona estar a la diestra de Dios! “¿Y qué es cuanto puede decir cualquiera que hable de Vos?” Explicó a su propia congregación cómo nacían sus predicaciones: “Voy a alimentarme para poder daros de comer. Soy el siervo, el que trae la comida, no el amo de la casa. Pongo ante vosotros aquello de lo que yo también nutro mi vida”. 7 Esta era su manera de estudiar: buscaba alimento para el alma que pudiera alimentarle en el “santo deleite” de Dios y después alimentaba a su gente.

Si consigo algo de conocimiento [en las Escrituras] lo extiendo inmediatamente al pueblo de Dios.


Incluso su habilidad —y la de sus oyentes— para ver la verdad de las Escrituras fue gobernada parcialmente por el deleite que sentía ante lo que encontraba allí. Siempre les decía a sus lectores que debían “buscar en las Escrituras con los ojos del corazón el corazón de las Escrituras”. Esto significa que se debe mirar con amor a lo que se ve sólo parcialmente: “Parece imposible amar lo que resulta totalmente desconocido, pero cuando se ama lo que se conoce, incluso conociéndolo muy poco, la capacidad misma de amar se comprende mejor y de forma más completa.” 8 En otras palabras, amar, y deleitarse en lo que conocemos de Dios en las Escrituras será la clave para profundizar en nuestro conocimiento de las Escrituras. El estudio y la predicación no eran para Agustín algo desinteresado e imparcial, tal como se concibe hoy en día la erudición.

Le explicó al gran estudioso de la Biblia, Jerónimo, que por lo tanto nunca podría ser un erudito “desinteresado” porque “Si consigo algo de conocimiento [en las Escrituras] lo extiendo inmediatamente al pueblo de Dios”. 9 ¿Y qué era lo que les mostraba y les daba como alimento? Era el gozo que él mismo encontraba en Dios: “Nuestras palabras cobran vida mediante el gozo que tenemos en aquello de lo que estamos hablando.” 10 Esa era la clave de su predicación y la clave de su vida: no cesaba de buscar y hablar del gozo soberano en Dios que le había librado por el poder de una satisfacción superior.

Tomado de The Legacy of Sovereign Joy: God’s Triumphant Grace in the Lives of Augustine, Luther, and Calvin (Wheaton, IL: Crossway, 2000), p. 67-69. Copyright 2011 John Piper. Usado con permiso de www.desiringGod.org.

Se ruega no reproducir o distribuir este artículo sin permiso.

 

  1. Agustín, Confesiones (IV, 12)
  2. Confesiones (X, 22)
  3. Confesiones (X, 6)
  4. Hand, Augustine on Prayer, p. 17 (On the Happy Life, 11)
  5. Augustín, Confesiones (I, 1)
  6. Confesiones (I, 4)
  7. Brown, Augustine of Hippo, p. 252 (Epístola 73, II, 5)
  8. Brown, Augustine of Hippo, p. 279 (Tractatus in Joannis evangelium, 96, 4)
  9. Brown, Augustine of Hippo, p. 252 (Epistle 73, II, 5)
  10. Ibid., p. 256

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