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La predicación expositiva no morirá nunca

¿Por qué estaba Juan Calvino tan comprometido con la centralidad de la predicación expositiva secuencial? Hay tres razones que son tan válidas hoy día como lo fueron en el siglo xvi.

Calvino considera que la continua exposición de los libros de la Biblia era la mejor manera de superar el “temeroso abandono de la Palabra [de Dios]”.


Primera, Calvino creía que la Palabra de Dios era una lámpara que había sido retirada de las iglesias. Por su propio testimonio personal dijo: “Tu palabra, que debería haber brillado en todo tu pueblo como una lámpara, fue retirada, o al menos suprimida para nosotros… y ahora, oh Señor, qué le queda a un infeliz como yo, sino… suplicar de todo corazón que no me juzgues por mis abandonos de tu palabra de los cuales, en tu infinita bondad me has liberado por fin.”1 Calvino considera que la continua exposición de los libros de la Biblia era la mejor manera de superar el “temeroso abandono de la Palabra [de Dios]”.

Segunda, a Calvino le horrorizaban los que predicaban sus propias ideas en el púlpito. Decía: “Cuando nos subimos al púlpito no es para exponer nuestros sueños y preferencias.”2 Él creía que con la exposición de las Escrituras en su totalidad, se vería obligado a  tratar con todo lo que Dios quería decir, no solo con lo que él podría querer decir.

Tercera, …creía de todo corazón que la Palabra de Dios era sin duda la Palabra de Dios, y que toda ella estaba inspirada y era provechosa y que resplandecía con la luz de la gloria de Dios. En el sermón número 61 sobre Deuteronomio retó a los pastores de su época y de la nuestra:

Que los pastores se atrevan a todo por la palabra de Dios… Que utilicen todo el poder, la gloria y la excelencia del mundo para dar paso y obedecer la divina majestad de esta palabra. Que insten encarecidamente a todo el mundo por ella, desde el más alto al más bajo. Que edifiquen el cuerpo de Cristo. Que devasten el reino de Satanás. Que apacienten las ovejas, maten a los lobos, instruyan e iluminen a los rebeldes. Que amarren y desaten los rayos y los truenos si es necesario, pero que lo hagan todo según la palabra de Dios.3

La frase clave es “la divina majestad de su palabra”. Este fue siempre el tema base para Calvino. ¿Cómo podía demostrar mejor en toda Ginebra, en toda Europa y en toda la historia la majestad de Dios? Respondió con una vida de continua predicación expositiva. No había mejor manera de manifestar la amplia gama de las glorias de Dios y la majestad de su ser que exponer la amplia gama de la Palabra de Dios en el contexto del ministerio del cuidado pastoral.

Por eso la predicación sigue siendo una parte central en la vida de la iglesia incluso 500 años después de la llegada de la prensa escrita, la radio, la televisión, los CDs y los ordenadores. La Palabra de Dios trata principalmente de la majestad de Dios y de la gloria de Dios. Ese es el tema principal del ministerio. Y aunque la gloria y la majestad de Dios en su Palabra se puede conocer a través de la tranquila y sosegada voz susurrada en un consejo en el lecho de muerte de un santo, hay algo que demanda un júbilo expositivo. Por eso la predicación no morirá nunca. Centrarse en Dios de forma radical y dominante siempre producirá hambre de predicación en el pueblo de Dios. Si Dios es “Soy el que soy” —el Dios de majestad grande, absoluto, soberano, misterioso y glorioso que Calvino vio en las Escrituras, siempre habrá predicación, porque cuanto más se conoce a este Dios, cuanto más central es este Dios para nosotros, más sentimos que debe ser no solo analizado y explicado, sino aclamado, anunciado y magnificado con un júbilo expositivo.

Piper, John. (2000). The Legacy of Sovereign Joy: God’s Triumphant Grace in the Lives of Augustine, Luther, and Calvin (140-142). Wheaton, Ill: Crossway Books. Copyright 2010 John Piper. Usado con permiso de www.desiringGod.org.

Se ruega no reproducir o distribuir este artículo sin permiso.
  1. Dillenberger, John Calvin, Selections from His Writings, p. 115.
  2. Parker, Portrait of Calvin, p. 83.
  3. John Calvin, Sermons on the Epistle to the Ephesians (Edinburgh: Banner of Truth, 1973), p. xii (énfasis añadido).

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