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Martes, Tarea 5: Redactar descripciones didácticas para la congregación

exposito-1-exegesis-50pxEsencia de la tarea

Conseguidas unas conclusiones que te sean convincentes sobre las palabras, es hora de redactar esas conclusiones en un formato didáctico que puedas compartir con la congregación en el sermón. El poder redactar tus conclusiones de forma que instruya a otros es un paso final muy bueno para realmente aprenderlo uno mismo, pero además, una vez redactado – pensando específicamente en la congregación – ya tienes contenido terminado para tu predicación.

Descripción detallada

Posiblemente no sea necesario realizar esta tarea para algunas de las palabras que has estudiado. Si en un principio anotaste una palabra porque tenías una ligera duda sobre algo, pero resulta que solventada esa duda, la palabra no requiere mayor aclaración, no merece la pena invertir más tiempo en ello. Cuando llegue el momento de decir algo sobre la palabra o su sentido en el pasaje, se menciona brevemente y se sigue adelante.

Sin embargo, hay otras palabras que, una vez hecha tu investigación y contrastada con las observaciones de los comentaristas, te das cuenta que merecen un trabajo adicional para poder presentarlas bien a la congregación. Puede haber varios motivos para ello.

  • Son palabras complicadas o con significados discutidos, así que las tendrás que aclarar.
  • Son palabras de una relevancia capital para entender el argumento del pasaje, así que tendrás que explicar.
  • Son palabras que encierran nociones teológicas muy sugerentes, y las puedes ilustrar.

Esto, claro está, y como venimos recalcando quizás ya demasiadas veces, sin caer en la trampa de hacer que alguna palabra interesante se haga con el enfoque del sermón de manera desequilibrada. Por ejemplo, no sería apropiado sacar la aplicación de una palabra interesante. Las aplicaciones deberían surgir, más bien, de aquellas cosas que el pasaje afirma o enseña. Evidentemente, las palabras juegan un papel en eso, pero la afirmación es algo que corresponde a las oraciones, no a las palabras.

Con esa puntualización en mente, volvamos a nuestras palabras para de alguna manera, “cerrar” nuestro ciclo de trabajo con ellas. Habiendo contrastado tu forma de entender las palabras con la de personas más expertas para conseguir un entendimiento sólido de lo que quieren transmitir en el pasaje, es hora de pensar en las personas que te oirán predicar. ¿Cómo expresarías lo que has aprendido para que esas personas lo entendiesen rápidamente en el transcurso de la predicación?

Para hacer

Lo que toca hacer no es particularmente complicado. Posiblemente las siguientes indicaciones sirvan de orientación suficiente.

¿Qué palabras merecen una expresión didáctica especial? Piensa, ¿qué necesito transmitir para que lo entiendan? ¿Vale lo que ya tengo redactado? ¿Es cuestión  simplemente de pulir un par de frases? En ese caso, hazlo y no te compliques más. Quizás aquí “la regla de dos minutos” valdría. Si lo que la palabra que tienes delante en un momento dado sólo requiere que le dediques menos de dos minutos para que esté en condiciones de uso homilético, dedícale esos dos minutos y sigue a la palabra siguiente. Por el contrario, si es una palabra que requiere una cierta reflexión para presentarla bien, dedícale el esfuerzo del que hablamos específicamente en esta tarea.

Ponte a escribir. Piensa en las categorías mencionadas arriba.

  • Si se trata de una palabra complicada o de significado discutido, redacta algo que lo aclararía para cualquiera que pasara por tu despacho dentro de 15 minutos.
  • Si se trata de una palabra muy relevante al argumento, ¿Qué necesitas explicar? ¿Hay contrastes que se deben establecer? ¿Usos especiales que uno debe tener en cuenta?
  • Si se trata de una palabra con nociones teológicas muy sugerentes, ¿se puede ilustrar de alguna manera? ¿Cómo se la explicarías a un niño? ¿Se puede dibujar o diagramar? ¿Hay algún episodio narrativo en las escrituras que la dejaría clara?

Deja de escribir cuando casi se pueda incluir en el texto final del sermón. No es cuestión de escribir algo de manera prematura. Es decir, algo que no responda a cuestiones de estructura y aplicación, etc., que todavía vendrán, sino más bien que escribas algo que te deje con esa sensación de que el viernes o el sábado no tendrás que volver sobre esto antes de poder incorporarlo a tu bosquejo o texto final. Dicho de otra manera, has estado trabajando estas palabras con cierto esfuerzo. Las ideas están en tu mente. No hay mejor momento que ahora para completar tu reflexión sobre estas palabras, como palabras. Y  sabes que has completado tu reflexión cuando la has podido describir de tal manera que las puedes expresar, aclarar, explicar o ilustrar en el sermón para que las entienda esa abuelita que está sentada en la segunda fila.

A tener en cuenta

Esta tarea sigue siendo una extensión de las anteriores. Por lo tanto, a lo mejor con una palabra complicada, lo mejor sería redactar las aclaraciones necesarias mientras tienes abierto delante los comentarios que has estado examinando.

Y hablando de los comentarios, no te olvides de citar la fuente si recoges una idea particularmente útil y memorable. Puede ser tentador no perder tiempo en introducir un pie de página, pero es lo correcto. Además, lo que puedas “perder” en parecer más original al hacer una mención, lo ganarás en credibilidad, y eso no tiene precio.

Ten presente, también, que el propósito especial de esta tarea es pensar en tu audiencia. Es decir, convertir el fruto de tu estudio en algo que puedas compartir.

Recuerda que esta expresión didáctica también debe tener una orientación definida y necesaria. En la formulación de la tarea hemos querido enfatizar esa orientación de esta manera: “Redactar descripciones didácticas para la congregación, resaltando la relevancia para el sentido del pasaje.” La finalidad debe ser una expresión que resalte el motivo por el que esta palabra aparece en este pasaje. Debemos estar particularmente alerta ante el peligro de redactar descripciones descontextualizadas.

Finalmente, añadir que si hemos hecho bien nuestro trabajo con las palabras, llegando a entender sus significados en el contexto particular que estamos preparando, lo que hagamos en la siguiente serie de tareas será más fácil y natural. El trabajo del “miércoles” se verá muy beneficiado porque al esforzarnos por entender las frases, oraciones y afirmaciones de nuestro texto, tendremos una buena materia prima con la que trabajar. Una materia prima que, además, cobrará mayor valor y encanto al verse correctamente relacionado con su entorno y el argumento inspirado.

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