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Domingo, Tarea 2: Ensayar para conseguir fluidez y naturalidad.

exposito-1-exegesis-50pxEsencia de la tarea

Repasar el bosquejo o manuscrito varias veces (practicando gestos clave) para conseguir mayor fluidez y naturalidad.

Descripción detallada

Puede ser de gran utilidad ensayar la predicación un par de veces, prestando atención especial a los gestos y el lenguaje no verbal. Recuerda: es muy diferente leer en silencio lo que tienes sobre pantalla que predicar en voz alta a una congregación con todos los gestos, énfasis y pausas que debes hacer en una exposición en vivo y  en directo. Lo último que quieres es verte detrás del púlpito intentando descifrar tus propias notas sobre algo que no pillaste antes al no ensayarlo por lo menos una vez. Luego (como mencioné también en la tarea 1), para iglesias que vigilan cuidadosamente el tiempo en el reloj, ensayar una vez, como mínimo, te da mayor seguridad de que lo que tienes que decir encaja bien en el tiempo del que dispones. No hay nada peor para la contundencia espiritual de tu conclusión que ver que, en sus mentes, todos ya se fueron a casa hace 10 minutos porque te has extendido demasiado.

Sin embargo, queremos insistir en que este repaso / ensayo no se puede dejar para el último momento. Es una actividad que requiere tiempo y energía. Hay que apartar un tiempo protegido para ello. En mi caso, casi siempre me levanto varias horas antes de lo normal los domingos que predico para tener al menos 1-2 horas reservadas para esta clase de disciplina.

Para hacer

¿Qué actividades específicas podrían entrar en este ensayo? ¿Qué podemos decir sobre ellas?

  • Repasos en pantalla. Tiene la ventaja de poder corregir y resaltar en el acto en MS-Word. La desventaja es que a veces, sigues editando y no ensayando. Otra desventaja es que todavía no es la versión física que llevarás al púlpito y, por consiguiente, a veces tanto el tamaño del texto sobre la pantalla como el grado de inclinación de la pantalla resulta todavía diferente a lo que será tu experiencia en el púlpito.
  • Repasos detrás del púlpito. Ensayar en el mismo púlpito brinda la ventaja de asemejarse mucho más a lo que experimentarás en un par de horas. Puedes practicar mejor las miradas a toda la congregación, y es más real en otros sentidos también. Sin embargo, lo malo que tiene es que cansa más al tener que estar de pie más tiempo.
  • Repasos en voz alta. Puede venir muy bien poder oírte a ti mismo. “¿Qué tal suena esa inflexión?” O, “Hmmm. Veo que si lo digo así me quedaré sin aire antes de que acabe la oración.” La gran desventaja es que puede cansar la voz más de lo necesario.
  • Repasos susurrando. Repasando así, protejo mi voz, y todavía me permite acercarme un poco a como sonaría todo en voz alta.
  • Pillar oraciones demasiado largas. A veces no me doy cuenta al redactar una oración que será demasiado larga de decir, que me enredaré. Así que en los repasos, a veces, parto una oración en dos. Evidentemente, esta clase de cambio sería mejor realizarlo mucho antes. Por esta razón, si la redacción del sermón me va bien, y tengo tiempo para ello el viernes o el sábado, ensayo párrafos particulares para ver si hay oraciones que necesitan ser acortadas, entre otras cosas.
  • Practicar sobre todo, momentos importantes o puntos complicados. Esto puede quizás parecer un poco exagerado, sobre todo porque tengo una convicción firme de que lo que más ayuda a la naturalidad de los gestos, al tono de la voz y a la sensación de pasión es una convicción firme que surge del hecho de realmente haber captado el mensaje que Dios tiene para su pueblo. Sin embargo, he tenido más de una predicación con una lectura mala de una frase o un tono de voz que no correspondía justo en un punto que debería haber tocado las emociones del oyente. O, hace poco, la conclusión a todo mi sermón perdió un poco de impacto precisamente porque no fui capaz de decir una frase con intensidad al encontrarme susurrando inesperadamente. Una pena.

A tener en cuenta

Mucho de lo que puedes encontrar útil en el hábito de ensayar también dependerá de tu nivel de experiencia y tu comodidad con una audiencia en particular. Siempre ensayo más para una audiencia desconocida o particularmente grande (porque me pongo más nervioso) que para una congregación que conozco muy bien. También influye mucho en todo esto si predicas con un bosquejo o un manuscrito, y del tiempo que dispones para preparar.

Pero hagas lo que hagas a nivel de repaso y ensayo. No llegues tarde. No llegues con la voz cansada.

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