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4. Sábado, Tarea 4: Completar las transiciones y las ilustraciones en los puntos apropiados.

exposito-3-homiletica-50pxEsencia de la tarea

Si todavía hace falta, completar las transiciones y las ilustraciones en los puntos apropiados.

Descripción detallada

Evidentemente, uno puede perfectamente haber redactado todas las transiciones e ilustraciones que requiere el sermón en la tarea anterior. No hay nada obligatorio en esta separación de trabajos.

Sin embargo, la razón por la que las he separado es la de resaltar cada aspecto como merecedor de su propia reflexión y esfuerzo. En este caso concreto, es decir, con el asunto de las transiciones e ilustraciones, quiero destacar lo siguiente:

  1. Hay veces que no le damos a las transiciones entre secciones importantes del sermón la reflexión y el esmero adecuado. Simplemente asumimos que como aparece un enunciado de nivel 1 en el bosquejo, el oyente sabrá que hemos pasado de un tema principal a otro. Pero esto no se puede dar por sentado. A no ser que lo resaltes con una diapositiva de PowerPoint (o algo parecido) las personas de la audiencia no sabrán necesariamente que has pasado del Punto Principal 1 al Punto Principal 2. De ahí que necesitamos esforzarnos – de manera especial – en nuestras transiciones para que la gente nos pueda seguir.
  2. Luego, en cuanto a las ilustraciones, posiblemente hayas puesto unos apuntes para un relato ilustrativo que puedes contar con facilidad. Sin embargo, si hay tiempo, puede valer la pena concretar lo que vas a contar para que realmente vibre la ilustración. Un giro de palabras… Un enlace a vocabulario usado en otra parte del sermón… Unas expresiones graciosas que aligeren lo contado.

Para hacer

Vayamos por partes, para que lo que tenemos en mente con esta tarea quede claro.

1. Examina cada uno de tus puntos principales y perfecciona las transiciones entre ellos si hace falta.

¿Llegas bien y de manera lógica y prolija entre el final del punto anterior y el inicio del punto siguiente? ¿El oyente te podrá seguir, sin estar desorientado, entre un punto y el otro? ¿Has incluido lo que podríamos llamar “marcadores verbales” para ayudar al oyente a saber que estás transicionando?

Recuerda que el oyente te sigue a nivel de palabras individuales que se suceden una tras otra. Es un hilo muy fino sobre el que balancear el desarrollo lógico del sermón. Por consiguiente, es absolutamente necesario hacer todo lo posible para que, a nivel verbal, el oyente pueda seguir la lógica del desarrollo y de las transiciones. Unos ejemplos de esto serían:

  • Transiciones vocales sencillas, evidentes.
    • “Para empezar”
    • “Primero”
    • “Segundo”
    • “Tercero”
    • “Finalmente”
  • O ampliando, transiciones más explicativas.
    • “Ahora que hemos visto que Pedro enfatiza la importancia de entender con claridad quiénes somos como pueblo de Dios, pasamos a una segunda afirmación que tiene ese punto como fundamento necesario. Veamos lo que dice sobre ello en la segunda sección de nuestro texto.”
    • “¿Quién se lo hubiera esperado? La verdad que el Apóstol Juan resalta con estas tres perspectivas complementarias cambia toda nuestra manera de pensar sobre el entorno en el que vivimos. ¿Pero a qué debe conducir eso? ¿Qué importancia tiene para nuestra manera de salir del culto esta mañana y entablar nuestra próxima conversación con el vecino? De ahí que, al concluir, quiero que pensemos en algo que quizás se te haya escapado en el texto bíblico hasta el momento…”

Podríamos poner más ejemplos, pero probablemente estos sean suficientes. Lo que toca hacer ahora, si es que no lo has hecho ya, es ir por el bosquejo o manuscrito, examinar cada transición que tienes y ver si son adecuadas o hay que mejorarlas de alguna manera. Es simplemente cuestión de asegurarte de que tus oyentes te podrán seguir en las transiciones importantes del sermón. Esto ayudará muchísimo en su capacidad para comprender con claridad el desarrollo del argumento bíblico.

2. Vuelve sobre las ilustraciones que piensas usar para determinar si se deben completar o mejorar.

¿Están completadas las ilustraciones? ¿Deberías acabarlas, para poder usarlas con fluidez?

Luego, ¿Cada ilustración viene a cuento? Es decir, ¿realmente es una buena ilustración para el punto a enfatizar? ¿Se puede mejorar trabajando la manera de contar el asunto? Muchas veces me he dado cuenta de que la diferencia entre una ilustración que realmente “funciona” y otra que no lo hace, no es la ilustración en sí, sino la manera de hilarla con el argumento que vengo desarrollando. Cambiar la introducción o alguna palabra que usa, hace que su relevancia acabe siendo evidente para el oyente. Básicamente, se trata de “versionar” la ilustración para que encaje de la mejor manera posible con este sermón.

Versionar una ilustración es particularmente importante cuando empleas una ilustración sacada de algún libro o de internet. El asunto es que esa ilustración, por muy buena que pueda ser, probablemente se usó originalmente en otro contexto y para enfatizar otro asunto, aunque haya sido un tema casi idéntico. Si simplemente escoges una ilustración y la metes en tu sermón, sin más, puede que el “desencaje” desoriente en algo a tus oyentes y el punto que pretendías rematar con la ilustración acabe perdiendo fuerza y relevancia.

A tener en cuenta

La noción básica detrás de esta tarea principalmente tiene que ver con conseguir la máxima claridad posible.

Por un lado, que el oyente pueda seguir el argumento global del sermón sin perderse en las transiciones. ¡La estructura presta claridad! Y las transiciones son de capital importancia para establecer la estructura en la mente del oyente.

Por otro lado, que el oyente pueda apreciar, sin ningún desajuste mental, cómo las ilustraciones escogidas realmente apoyan el punto que estás ilustrando en un momento dado. Para ello, es imprescindible escoger las ilustraciones más apropiadas o versionar las ilustraciones para que lo sean.

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