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Panorámica 8. Lo prioritario en la etapa hermenéutica

Panorámica 8.

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Panorámica 8. Lo prioritario en la etapa hermenéutica (texto)

De las tres disciplinas de la buena predicación, la etapa hermenéutica es la más breve en nuestro proceso semanal. A pesar de ello tiene una importancia especial, dado que esta disciplina sirve de bisagra. Es la que recoge el fruto del trabajo exegético y lo prepara para el trabajo homilético. Y lo hace obligándonos a contestar la pregunta, ¿Qué significa?

Esta es la disciplina que destapa la relevancia contemporánea del mensaje original. Muchos predicadores confiesan que esta es la tarea que les resulta más complicada al preparar un sermón. Tanto es así que en no pocas ocasiones he visto a un predicador explicar un texto con fidelidad e ilustrarlo con creatividad, pero a la hora de resaltar – a consciencia – su relevancia imperante para el oyente moderno, junto con aplicaciones bien meditadas y recetadas, acaba refugiándose en un tímido “que el Señor bendiga su palabra en nuestras vidas.”

Entiendo que la fidelidad a nuestro cometido nos exige más. Nuestra labor nos pide exponer un mensaje dado originalmente a personas en otros tiempos a una audiencia diferente, que vive en tiempos modernos. Por eso es tan importante el trabajo específicamente hermenéutico, que consiste en interpretar.

De ahí que en nuestro proceso semanal aparezca el siguiente objetivo:

  • Jueves: Significado. “Entender de qué manera el mensaje original es válido hoy en día, y concretar la idea principal.”

Y al igual que con los objetivos que resaltamos en la etapa exegética, este objetivo también necesita definirse de manera que sepamos con suma claridad lo que tenemos que conseguir a nivel práctico. Especialmente en cuanto a esta disciplina no podemos contentarnos con un objetivo genérico – no cuantificado. Necesitamos una meta tan concreta que si alguien nos lo pidiera, le podríamos mostrar la foto [¡clic!] del hombre en la luna. Por consiguiente, hemos afinado el enfoque del trabajo hermenéutico de la siguiente manera.

  • Jueves: Significado. Si el objetivo del día es: “Entender de qué manera el mensaje original es válido hoy en día, y concretar la idea principal,” es importante establecer una meta clara que casi garantice que nuestros oyentes escuchen algo que, en oración, responda a la aplicación de Dios a la situación actual. Por lo tanto, sugerimos lo siguiente como meta: “Tener escrita una interpretación y una aplicación para cada bloque de pensamiento identificado anteriormente en el texto, junto con una expresión memorable de la idea principal que resume el conjunto y que usarás en el sermón.” Y por si acaso no está del todo claro, quiero enfatizar que esto trata tanto de los puntos principales del pasaje, como del pasaje en su conjunto. Como se me decía en mis clases de predicación: “Si merece la pena resaltar un punto, merece la pena aplicarlo.”

Espero que sea evidente cómo el cumplir con esta meta ayudará a afirmar con convicción la relevancia contemporánea del texto que has de exponer. Al mismo tiempo irá aportando contenidos concretos al bosquejo del sermón.

Repetidas veces, mi experiencia ha sido que, esforzándome en esta disciplina y acertando con una interpretación sólida que surge clara y diáfanamente del texto, al pasar a la etapa homilética voy viento en popa, ¡con fuego ardiendo en el corazón! Voy convencido, sin lugar a dudas, de que el mensaje que tengo viene de Dios y hay que predicarlo. Ahora sólo hace falta estructurarlo e ilustrarlo bien, para que llegue con claridad y dinamismo a mis oyentes. Y precisamente a eso pasaremos en la última etapa del proceso semanal.

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Panorámica 9. Lo prioritario en la etapa homilética

Panorámica 9.

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Panorámica 9. Lo prioritario en la etapa homilética (texto)

Lo prioritario en la etapa homilética es hacer posible en el púlpito una expresión clara y memorable del significado del texto bíblico. De ahí que la pregunta clave para esta disciplina sea: ¿Cómo lo presento?

Quizás sobra señalarlo, pero esta es la tercera etapa del proceso. Si no hemos trabajado adecuadamente la materia prima en la primera etapa y refinado lo conseguido durante la segunda etapa, lo que tendremos entre manos para moldear en la tercera etapa nos obligará a un presentación muy por debajo del texto bíblico que pretendemos exponer. De ahí que insistimos en que será imposible realizar la disciplina homilética al mejor nivel si no hemos realizado bien – antes – las disciplinas exegéticas y hermenéuticas.

En cambio, si hemos hecho bien nuestro trabajo hasta aquí, no llegamos a este punto del proceso con las manos vacías. Tenemos mucho con qué trabajar, cosa que no sólo nos ayudará a hacerlo mejor, sino más rápido también. Todo nuestro estudio previo del libro bíblico en su conjunto, nuestra exégesis detallada del pasaje y posterior interpretación de su significado, ha hecho posible que nuestro trabajo netamente homilético se pueda realizar con integridad.

Entonces, ¿cuáles son los objetivos expresamente homiléticos que nos toca marcar para esta etapa del proceso semanal?

  • Viernes: Bosquejo. Aquí hay que preguntarse por los resultados que uno quiere conseguir, y la mejor manera de lograrlo en función de las conclusiones interpretativas a las que llegó en la etapa anterior. Por consiguiente, el objetivo que nos marcaremos será: “Determinar el propósito del sermón y desarrollar los puntos principales de un bosquejo que transmita el pensamiento original.”
  • Sábado: Manuscrito. Dependiendo del tiempo del que dispongas, y de si predicas más o menos extemporáneamente, debes completar el bosquejo para que el esqueleto tenga carne y piel. El objetivo del día: “Rellenar el bosquejo con introducción, conclusión, párrafos completos e ilustraciones.”
  • Domingo: Sermón. ¿El objetivo? “¡Predicar el mensaje con toda la autoridad propia del texto bíblico!”

Una vez más nos debemos preguntar por las metas definidas que darán sustancia a estos objetivos. En la recta final no nos valen unos objetivos románticos generales. Necesitamos metas precisas porque ir incluso un poco desviados, a estas alturas, puede resultar en un desperdicio de todo el trabajo anterior y metafóricamente hablando, ¡Nos perdemos la luna!

  • Viernes: Bosquejo. Si el objetivo del día es: “Determinar el propósito del sermón y desarrollar los puntos principales de un bosquejo que transmita el pensamiento original,” ¿cómo sabrás cuándo lo has conseguido? Puedes fijar una meta como la siguiente: “Tener escrito el propósito del sermón, junto con un borrador del bosquejo homilético.” ¿Tienes ese propósito escrito? ¿Tienes en mano un bosquejo que cumple con ese propósito? ¡Perfecto! Has alcanzado la meta y cumplido con el objetivo del día.
  • Sábado: Manuscrito. Si el objetivo del día es: “Rellenar el bosquejo con introducción, conclusión, párrafos completos e ilustraciones,” ¿cómo sabrás que lo has conseguido? Nuevamente, puedes fijar una meta medible. Por ejemplo, la que sugerimos en nuestros artículos y tutoriales: “Haber completado el bosquejo o manuscrito completo que piensas usar al predicar.” Claro, esta meta casi se auto-exige, debido a que ya es sábado y la hora de predicar el domingo está muy próxima. En cierto sentido, esta es la meta que siempre se consigue en algún sentido, debido a que ¡algo hay que tener preparado! El asunto, más bien, es si preparas un manuscrito (o bosquejo completo, según cómo prediques) que haga honor al texto, recoja el fruto de tu trabajo y resalte la grandeza de Cristo a los ojos de todos los que mañana te oigan.
  • Domingo: Sermón. El objetivo es: “¡Predicar el mensaje con toda la autoridad propia del texto bíblico!” ¿Cómo sabrás que realmente estás listo para ello? Acláralo con una meta precisa. Por ejemplo, en mi caso, mi rutina matinal del domingo normalmente incluye tres actividades que me acercan mucho a la consecución de este objetivo. Por consiguiente, mi meta ampliada es: “Llegar al púlpito enteramente preparado y relajado, pero con la intensidad que le corresponde a alguien que trae un mensaje de Dios y quiere ver a las personas tocadas por ese mensaje, al haber dejado listo el manuscrito definitivo que llevaré al púlpito, haber ensayado un par de veces para conseguir fluidez y naturalidad, y haber hecho un último repaso del manuscrito, orándolo al Señor como una ofrenda, pidiéndole que, punto por punto, le plazca hablarle a la gente por medio de esta predicación.”

Para mí este siempre es uno de esos momentos sagrados en el que después de tanto sudar el sermón, me doy cuenta nuevamente que yo sólo soy el portavoz y que por más que haya preparado una predicación exquisita a nivel humano de investigación, estructura y expresión, no conseguiré nada si Dios no escoge usarla.

Sí, la predicación es investigación y redacción. La predicación es arte e interpretación. Pero sobre todo es ministerio. Ministerio en nombre de un Dios que se ha comunicado en persona y palabra, y que quiere que su mensaje llegue a las personas con toda su autoridad y amor.

Y precisamente porque el nuestro es un cometido de tanta dignidad y transcendencia debemos esforzarnos con el máximo esmero en las tres disciplinas. Las predicaciones que enaltecen a Dios e impactan a la gente no suelen ser las que se preparan de cualquier manera. Son las que se preparan con la entrega comprometida de quienes procuran con diligencia presentarse a Dios aprobado, como obreros que no tienen de qué avergonzarse, que manejan con precisión la palabra de verdad. (2 Tim. 2:15)

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Panorámica 7. Lo prioritario en la etapa exegética

Panorámica 7.

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Panorámica 7. Lo prioritario en la etapa exegética (texto)

En las tres disciplinas vitales de toda buena predicación, el cometido especial de la etapa exegética es entender el mensaje original del pasaje. ¿Qué dice? Si no conseguimos eso, cualquier esfuerzo posterior que hagamos en nuestra preparación carecerá de fundamento firme.

Por consiguiente, en nuestra distribución semanal, sugerimos que lunes, martes y miércoles estén dedicados a entender el sentido original del texto bíblico. Pero ¿en qué consiste exactamente  el hacer esto de manera acertada semana tras semana?

Si hemos completado nuestra preparación previa, ya contamos con un buen entendimiento global de la razón, propósitos y argumento del libro bíblico en su conjunto. Partiendo de ese trabajo, lo que toca hacer ahora con el pasaje a predicar se puede perfilar con tres objetivos importantes.

  • Lunes: Contexto. ¿Cuál es la relación del pasaje que voy a predicar este domingo con el resto del libro? Por consiguiente, el objetivo del día sería: “Situar el pasaje en su contexto histórico y literario.”
  • Martes: Contenido. ¿Qué palabras y afirmaciones necesito aclarar para entender lo que el texto quiere decir? El objetivo del día sería: “Determinar el sentido contextual de las palabras usadas en el pasaje.”
  • Miércoles: Estructura. ¿De qué manera ha organizado el autor este material para que comunique su argumento? El objetivo del día sería: “Descubrir la manera en que el autor organiza su pensamiento.”

Es evidente que cada uno de estos objetivos es de vital importancia si queremos entender bien el mensaje original del pasaje a predicar. Pero son tan importantes que necesitamos concretarlos de alguna manera. Si no, puede que nuestro esfuerzo produzca menos de lo deseado, principalmente por falta de precisión a la hora de estudiar. Es lo de la carrera espacial y la luna. Nuestros objetivos loables necesitan encarnarse en unas metas cuantificables.

De ahí que, en nuestro proceso semanal, para cada objetivo diario, hemos establecido una meta precisa a cumplir. Quizás prefieras ajustar alguna de estas metas a tu propia forma de trabajar, pero ya te valgas de estas, tal cual, o las matices a tus necesidades particulares, ¡asegúrate de que, en cada caso, el hombre del día llegue a la luna!

  • Lunes: Contexto. Si el objetivo del día es: “Situar el pasaje en su contexto histórico y literario,” ¿cómo sabrás cuándo lo has conseguido? Puedes fijar una meta como la siguiente: “Escribir un párrafo que me ayude a explicar la aportación que este pasaje hace al argumento del libro, teniendo en cuenta su relación con la porción anterior y posterior en el texto.” ¿Tienes ese párrafo escrito? ¡Perfecto! Has alcanzado la meta y por consiguiente has cumplido con el objetivo del día.
  • Martes: Contenido. Si el objetivo del día es: “Determinar el sentido contextual de las palabras usadas en el pasaje,” ¿cómo sabrás que lo has conseguido? Nuevamente, puedes fijar una meta medible. Por ejemplo, “Para cada palabra importante en el pasaje, redactar una frase que le explique a la congregación lo que esa palabra significa en su uso aquí.”
  • Miércoles: Estructura. “Descubrir la manera en que el autor organiza su pensamiento.” ¿Cómo sabrás si lo has descubierto? Acláralo con una meta precisa. Por ejemplo, “Para cada bloque de pensamiento en el pasaje, escribir una oración que resuma la idea básica de lo que quiere comunicar.” Si al terminar el estudio del día tienes sobre papel estas oraciones resumen, has alcanzado la meta. El hombre ha llegado a la luna y no está perdido en el vacío del espacio.

Agregar que, evidentemente, no hay nada mágico ni imperativo en hacer cada una de estas tareas en días diferentes. Si necesitas distribuir el trabajo de otra manera, está bien, siempre que consigas hacer lo importante con integridad. Y se haga como se haga, lo importante es profundizar – de manera cuantificable – en el contexto, el contenido y la estructura de tu pasaje.

Eso sin olvidar, que en el fondo, indagar con cierto esmero en estas cuestiones es simplemente un manera de contestar de forma responsable, como obrero aprobado ante Dios, la pregunta exegética básica: ¿Qué dice?

Y para ello, como mínimo, de la etapa exegética debes salir con una noción muy clara – y escrita – de lo que el autor bíblico quiere transmitir en cada bloque de pensamiento del pasaje. Me es imposible contar las predicaciones que he oído en mi vida que han perdido el rumbo desde el primer momento porque el predicador nunca llegó a descubrir con acierto lo que el autor bíblico quería transmitir a sus lectores originales.

Finalmente, agregar que en un primer momento todo esto puede parecer trabajo extra. Desde luego habrá algo de eso a medida que uno vaya incorporando algunas nuevas actividades a su forma normal de trabajar, pero con el tiempo, llegarán a formar parte eficiente de la rutina de estudio normal. Además, como cada una de estas metas ha sido pensada expresamente para ayudar en el proceso de preparación, verás que porciones de tu sermón ya se están escribiendo por defecto, y eso es muy alentador.

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Panorámica 6. Una buena preparación previa

Panorámica 6.

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Panorámica 6. Una buena preparación previa (texto)

Con cierta frecuencia se comenta algo que ocurrió en los años 60 con el programa espacial de EEUU. Y aunque habría muchos matices que señalar en la historia completa, a grandes rasgos, lo más relevante para nuestros propósitos aquí se resume en lo siguiente.

El Presidente Eisenhower enunció el objetivo de “liderar el mundo en la exploración espacial”. Desde luego un objetivo loable y ambicioso.

Unos años después el Presidente Kennedy retomó el asunto y anunció una meta: “poner un hombre sobre la luna antes de finalizar la década”.

La relación entre los dos enunciados es evidente y perfectamente se podría decir que la meta de Kennedy respondía al objetivo de Eisenhower. Sin embargo, el hecho de concretarlo (“un hombre sobre la luna”) con una fecha (“antes de finalizar la década”), dio un enfoque a ese objetivo que fue de gran utilidad para la NASA. Ya se sabía con precisión qué hacer y para cuándo.

Entendemos que esa misma idea nos puede ser de gran ayuda a la hora de preparar un sermón. Está muy bien decir: “Necesito realizar un desarrollo exegético, hermenéutico y homilético para preparar una buena predicación.” Pero ¿cómo sabré realmente cuándo lo he conseguido? Necesitamos concretar nuestros objetivos de alguna manera.

Por consiguiente, habiendo tomado un contacto inicial con las 3 disciplinas de la buena predicación en los vídeos anteriores, ahora toca acercar la mirada un poco más para ver con mayor claridad en qué consiste el trabajo real de preparar una buena predicación cada semana. Es más, además de aclarar nuestros objetivos, les pondremos unas metas definidas con “fecha de entrega” en nuestro marco semanal.

Sin embargo, preparar un sermón sin hacer antes un estudio preliminar del libro bíblico en cuestión, en cierto sentido, es predicar a ciegas. Tanto es así que, cualquiera que pretenda predicar sobre cualquier pasaje bíblico con integridad, casi se ve obligado a realizar por lo menos un mínimo de estudio previo global del libro en el que el pasaje se encuentra. De no hacerlo, corre un grave peligro de desvirtuar la porción en su predicación por no entender cómo esa porción contribuye al mensaje completo del libro en el que se encuentra.

Pero exactamente ¿qué es una buena preparación previa sobre un libro bíblico? Como mínimo, necesitamos entender

  1. ¿Qué circunstancias se dieron para que este libro se escribiera?
  2. ¿Cuál es su mensaje principal?
  3. ¿Cómo se desarrolla el argumento del libro?

De ahí que, resumiendo nuestro enfoque a la preparación previa, compartimos nuestra convicción de que el trabajo a realizar tendría el siguiente objetivo y que una vez terminado habrá conseguido la siguiente meta.

  • Objetivo: Orientarse en el libro bíblico en su totalidad y preparar la serie.
  • Meta: Tener una colección de notas que resuma toda la información importante sobre las circunstancias de los lectores originales y los motivos por los que el autor escribió, junto con una distribución de pasajes para la serie basado en un entendimiento de la estructura del libro en su totalidad.

Espero que sea evidente aquí que nuestra preparación previa tiene un doble propósito práctico: Primero, llegar a un entendimiento inicial global del libro que nos sirva de buen trasfondo para toda la serie y al mismo tiempo, segundo, realizar una buena y práctica distribución de todas las porciones a predicar para toda la serie. Además, todo esto nos ahorrará tiempo a la larga. Como ya habremos estudiado el libro en su conjunto y llegado a ciertas conclusiones sobre sus líneas maestras, no hará falta volver a explorar ese material cada semana.

Por cierto, para ver ejemplos sobre lo que pretendemos conseguir con esta preparación previa, puedes echar un vistazo en lo que aparece en nuestras “Orientaciones panorámicas” para cada libro bíblico. Llegar a algo parecido por tu cuenta, junto con una distribución práctica de los pasajes a predicar apoyado por un conocimiento inicial pero íntimo del libro como fruto de tu estudio personal y de repetidas lecturas del libro entero te dejará en un estado óptimo para preparar cada sermón de la serie.

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Panorámica 5. Sin herramientas es difícil trabajar

Panoramica 5.

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Panorámica 5. Sin herramientas es difícil trabajar (texto)

Sin herramientas es difícil trabajar.

Como predicador, tus herramientas son los libros. Y si trabajas en un entorno digital, entonces libros digitales y el software correspondiente.

Pero abordado el tema, debemos dejar algo muy claro. Al final del día, tu herramienta indispensable no son los libros, sino el libro – ¡La Biblia! Lo vital es un buen esfuerzo en la Biblia misma, junto con una dependencia sincera en la guía del Espíritu Santo.

Nuestras bibliotecas nunca pueden – ni deben – reemplazar las Escrituras. Nuestros métodos y software nunca pueden – ni deben – sustituir al Espíritu Santo.

Pero dicho esto, también debemos dejar claro que nuestro propio estudio en las Escrituras puede ser ampliamente enriquecido por el estudio de otras personas en las Escrituras. Y lo que el Espíritu Santo nos puede mostrar a nosotros probablemente ¡no esté peleado con lo que le ha mostrado a otros! Así que enfatizar la importancia de nuestro estudio en la Biblia bajo la dirección del Espíritu Santo no tiene por qué entrar en conflicto con la lectura del estudio de otros en la Biblia bajo la dirección del Espíritu Santo. De ahí que una buena biblioteca nos pueda ser de muchísima ayuda. Es más, puede mejorar nuestro estudio, guardarnos de ciertos errores y ahorrarnos mucho tiempo que podremos invertir en otras facetas de nuestro ministerio.

Pero volvamos a nuestro énfasis inicial.

Sin herramientas es difícil trabajar, y como predicadores, nuestras herramientas son el Libro y los libros. Y, dadas las fechas en las que vivimos, nuestras herramientas también pueden incluir software bíblico que nos acelere el trabajo con el Libro y los libros. De ahí que comprar nuestros libros en formato digital puede ser una opción sumamente interesante.

¿Por qué? Se me ocurren tres razones de peso.

Primero. Utilidad

  • Los libros digitales son más portátiles (en mi iPhone llevo más de 4000 libros, sin que me pese ni un gramo más)
  • Los libros digitales son más rápidos (pensemos, p. ej., en búsquedas instantáneas y bibliografías automáticas.)
  • Los libros digitales son más funcionales y versátiles. Y no me canso de añadir que un libro en formato Logos es mucho más funcional y versátil para el estudio bíblico que un libro digital “normal”. Un libro digital Logos hace cosas que un libro en un formato digital ordinario (como HTML, Kindle o PDF) nunca hará. Por ejemplo, a ver ¿cuál de esos formatos te puede enseñar la palabra hebrea que aparece detrás de la traducción castellana? o ¿situar el acontecimiento bíblico sobre el que lees en un cronograma de la historia del mundo?

Segundo. Precio

  • Los libros digitales suelen ser más baratos que los libros impresos.
  • Y si los compras en colecciones, suelen ser más baratos todavía. A veces, hasta apenas un dolar por libro.
  • Es más, si los compras a plazos pueden resultar asequibles incluso para un presupuesto apretado.
  • Desafortunadamente, para muchos se ha establecido la idea equivocada que Logos es muy caro. ¡Todo lo contrario!
    • El software de Logos es gratuito y siempre lo ha sido.
    • Es verdad que los libros cuestan dinero, pero los libros siempre cuestan dinero. Y si se compra una colección importante, suma mucho, ¡pero se trata de muchos libros!
    • El problema, más bien, creo, es que en lo digital, nos hemos acostumbrado al hecho de que existen opciones de software bíblico que disponen de libros antiguos de dominio público o, incluso de libros pirateados. Y esto me lleva a una reflexión personal y a la tercera razón de peso para comprar libros digitales.

Tercero. Honradez

  • En exegética.net llevamos años viendo la clase de búsquedas hechas en internet que traen personas a nuestra web. Uno de los más frecuentes es el de personas buscando algún comentario bíblico en un formato digital como el PDF para poder descargarlo gratuitamente. Es comprensible. A cualquiera le gustan las cosas gratuitas. El asunto es que estas cosas no suelen ser gratuitas. En internet suelen ser robadas. Y descargarlas es piratería.
  • Mejor usar solo tu Biblia de papel que piratear recursos de manera ilegal. Mejor servir honradamente al Señor con aquello que él te permite, sin violar tu conciencia, sin violar la ley y sin deshonrar al Señor descargando material que no es lícito tener, si no se compra.

Dicho eso, conseguir una buena biblioteca es enteramente posible. De hecho, este vídeo se ha desarrollado precisamente para ofrecer motivos para ampliar tu biblioteca y hacerlo de la manera más barata y honrada posible. De ahí que concluimos con seis recomendaciones concretas.

  1. Uno. Decídete por una biblioteca digital en el formato Logos (será lo más completo, funcional y barato que podrás conseguir).
  2. Dos. Establece un presupuesto mensual para la compra de libros digitales (Son tus herramientas de trabajo. Merecen una inversión premeditada.)
  3. Tres. Si eres pastor, averigua si tu iglesia puede crear un fondo para tu biblioteca digital – ¡pocas cosas hay más sensatas que proporcionar al obrero herramientas de trabajo!
  4. Cuatro. Invierte lo apartado principalmente en colecciones y ofertas especiales que Logos ofrece de tanto en tanto. Comprados en colecciones o en ofertas especiales, ¡un libro digital en formato Logos te puede salir descontado en un 50 a 90% del precio de un libro impreso!
  5. Cinco. Compra sólo libros de calidad. Desgraciadamente – aún en el entorno evangélico – se publica mucho de erudición y teología cuestionable. Mucho sensasionalismo y emocionalismo. Ahorra tu dinero para recursos de nutrición sólida y valor perdurable.
  6. Seis. Prepara y comparte una o más “listas de deseos” en el sitio web de Logos. Si tienes amigos o familiares que a veces no saben qué regalarte por navidad o por tu cumpleaños o  en alguna otra ocasión, se lo puedes poner fácil y así sigues ampliando tu biblioteca. Y por qué no, al pensar en “listas de deseos”, también puedes animar a que otros preparen sus propias listas de las que tú puedes regalar.

Es verdad. Este plan no es gratuito. Lo siento. Todavía cuesta dinero.

  • Pero a cambio – acabas apoyando a los autores que escriben…
  • A cambio, acabas apoyando a las editoriales que se arriesgan económicamente a producir libros…
  • A cambio, acabas apoyando a Software Bíblico Logos, que cada año, mejora – de manera gratuita – la herramienta con la que trabajas (cosa que les obliga, por cierto, a emplear a cientos de personas a tiempo completo)…
  • A cambio, acabas, después de cierto tiempo, con una biblioteca nutrida y muy útil con la que puedes trabajar para alimentar a tu congregación…
  • A cambio, acabas con una biblioteca que es realmente tuya.

Una biblioteca digital de calidad. Merece el esfuerzo. Merece la inversión.

Porque sin herramientas es difícil trabajar.

Y como predicadores, nuestras herramientas son el Libro, los libros y, posiblemente, un buen software bíblico que los integre y acelere.

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Panorámica 4. El triatlón de la predicación

Panorámica 4.

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Panorámica 4. El triatlón de la predicación (texto)

Como cualquier predicador sabe, en ciertos momentos viene bien una ilustración.

Pensemos unos momentos en un triatlón. Un montón de atletas – ¡un tanto masoquistas! – realizan una prueba en la que hay que nadar, montar en bicicleta y correr. Son tres disciplinas diferentes, pero una sola carrera. El vencedor es aquel que, en ese día, es capaz de realizar mejor las tres etapas y las transiciones entre ellas.

Se trata de la combinación, porque es una sola carrera, no tres. De ahí que no haga falta ser el mejor ciclista del mundo para ganar un triatlón. Ni hace falta ser el mejor ciclista ese día para ganar, siempre que sus tiempos en las otras dos etapas y las transiciones sean suficientes para reforzar su tiempo en la etapa de ciclismo. Es el conjunto de tiempos lo que le hace a uno vencedor.

Ahora bien. Lo que está claro es que para participar en un triatlón uno tiene que, como mínimo, saber realizar cada uno de los tres deportes de manera adecuada. Cuando era algo más joven, me entraron muchas ganas de prepararme para un triatlón de montaña. Llevaba varios años corriendo y saliendo en bici, así que pensé, “¿por qué no intentar esta prueba multi-disciplinaria?” Sólo me faltaba agregar natación a mi entrenamiento. “¡Ningún problema!”, pensé. Ya sé nadar. Así que empece a ir a una piscina cercana. El problema es que no conseguí aprender a nadar distancias largas. Mi forma de nadar valía par nadar distancias muy cortas, pero era agotadora para cualquier distancia más larga. Leí un poco sobre como mejorar mi destreza en esto, pero nunca llegué a dominarla. En poco tiempo me cansé del esfuerzo y de ir a la piscina. Me puse a ver qué carreras de duatlón había… No tantas. ¿Resultado? Ahora solo corro. Hago carreras a pie. 10 km., 21 km.

Correr está muy bien. Pero una carrera a pie, aunque sea un maratón o un ultra-maratón no es un triatlón. Es otra cosa.

Hablar de la predicación como una actividad de tres disciplinas nos recuerda a un triatlón. No es suficiente incorporar solo una o dos de las disciplinas. Hacen falta las tres. Además, hay que saber combinar las tres de una manera complementaria y realizar las transiciones entre ellas de una manera prolija. Si podemos decirlo así, una predicación “ganadora” es aquella que realiza bien el conjunto.

La predicación. Tres disciplinas. Una sola carrera.

Primero está la “Etapa de la exégesis”. A esta la sigue la “Etapa de la hermenéutica”. Termina con la “Etapa de la homilética”. Para acabar la carrera, hace falta completar cada etapa. El no realizar una etapa tiene un nombre: ¡hacer trampas! Y si en un triatlón a uno le pillan saltándose una etapa, queda descalificado.

Deberíamos pensar en la predicación de la misma manera. Subir al púlpito sin haber realizado adecuadamente alguna de las tres disciplinas es hacer trampas.

Pero ampliemos nuestra metáfora un poco más, pensando en el proceso semanal que organiza nuestra reflexión.

En un triatlón no solo existen etapas, sino que las etapas suelen tener tramos con características particulares que pueden variar más o menos según el terreno de una carrera concreta. Por ejemplo, puede haber, tanto para las etapas de ciclismo como para las de carrera a pie, tramos llanos o de fuertes desniveles. De ahí que en una carrera particular un tramo pueda resultar más duro que otro, y según la preparación del atleta, puede ir ganando o perdiendo tiempo, frente a sus rivales. Por consiguiente, ser un atleta superior, no es sólo cuestión de saber correr sin más, por ejemplo, sino también de estar en condiciones de poder superar una cuesta sin echar a perder toda la carrera.

De manera similar, en nuestra distribución del trabajo práctico a realizar también identificamos tramos.

  1. En la Etapa de la exégesis podemos identificar tres tramos. El tramo del contexto lo hacemos el lunes. El martes completamos el tramo del contenido. Miércoles toca el tramo de la estructura, y con esto hemos terminado el trabajo exegético sobre el pasaje.
  2. El jueves realizamos lo que corresponde a la Etapa de la hermenéutica, que en nuestra distribución, es una etapa de un sólo tramo, el tramo del significado.
  3. Con eso completado, pasamos a la Etapa de la homilética. Viernes toca el tramo del bosquejo. Sábado el del manuscrito. Domingo, terminamos, con el tramo final, llegando a la meta con la predicación del sermón.

Y al igual que ocurre con un triatlón, en la predicación también hay que saber hacer bien las transiciones entre disciplinas. Para que el sermón sea excelente, debe haber una relación lógica y armoniosa entre las diferentes etapas de preparación. De poco sirve, por ejemplo, un buen esfuerzo en la hermenéutica si posteriormente el desarrollo homilético va por otras líneas que no tienen nada que ver con los significados identificados en el texto.

Finalmente, destacar que los mejores atletas no suelen pensar en sus carreras de manera aislada. Piensan en la temporada entera. Escogen una serie de carreras y se organizan para poder preparar cada una de ellas de la mejor manera posible.

Lo mismo se puede decir de la predicación. Planificar el conjunto de una serie y realizar un estudio global inicial, puede mejorar y acelerar todo el trabajo posterior de cada semana…

Tres disciplinas. Una sola carrera.

De ahí que nos pueda venir muy bien pensar en esta labor como “el triatlón de la predicación”.

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Panorámica 3. Las 3 disciplinas a lo largo de la semana

Panorámica 3.

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Panorámica 3. Las 3 disciplinas a lo largo de la semana (texto)

Si damos por sentado la importancia capital de las 3 disciplinas de la buena predicación, surge una pregunta práctica. ¿Cómo pasar de los conceptos teóricos a la preparación real? ¿Cómo distribuir nuestro estudio de un pasaje bíblico para que el mensaje del domingo esté preparado con integridad, pero dentro del marco temporal del que disponemos? Evidentemente, es cuestión de reservar una porción óptima del tiempo disponible para cada disciplina. Y esto sería así tanto si preparamos todo en un mismo día como si lo hacemos a lo largo de varios días. Tanto si disponemos de muchas horas como si disponemos de relativamente pocas. Sin embargo, como la predicación suele tener una periodicidad semanal, la semana nos puede servir como marco de referencia ideal. Sería cuestión de simplemente realizar un poco de trabajo cada día, dentro de la rutina ordinaria de nuestras vidas. Es más, distribuir el trabajo a lo largo de siete días ofrece ciertas ventajas como pueden ser tiempo adicional para la reflexión y aplicaciones que casi se sugieren por si solas de las mismas experiencias y conversaciones de la semana. En principio, no habría razón por la que no se podría hacer una distribución equilibrada, dedicando un tiempo parecido a cada disciplina. Sin embargo, el hecho es que el volumen de trabajo natural correspondiente a cada disciplina no es igual. Además, como en cada disciplina podemos identificar aspectos definidos que la componen, puede resultar sumamente útil convertir esos aspectos en objetivos concretos a conseguir cada día. Veamos. Nuestra experiencia sugeriría que para los aspectos que hay que trabajar…

  1. Exégesis necesitará 3 días.
  2. Hermenéutica, 1 día
  3. y Homilética, 2 o 3 días

Es decir,

  1. Lunes, martes y miércoles me dedico a entender el sentido original del texto bíblico.
  2. Jueves me concentro en aclarar su significado para los seguidores de Cristo hoy en día.
  3. Viernes , sábado y domingo me esfuerzo por desarrollar un bosquejo que comunique lo descubierto de una manera dinámica.

¿Y cuáles son los aspectos concretos que representan los objetivos a conseguir cada día? Para nuestros fines, los nombraremos de la siguiente manera.

  1. Lunes: Contexto
  2. Martes: Contenido
  3. Miércoles: Estructura
  4. Jueves: Significado
  5. Viernes: Bosquejo
  6. Sábado: Manuscrito
  7. Domingo: Sermón

Por supuesto damos por sentado que no siempre el trabajo nos saldrá de una manera tan nítida. Siempre hay interrupciones. A veces, nos cuesta más un aspecto que otro. En otras ocasiones nos quedamos estancados ante un nudo teológico que hay que desentrañar. Etc, etc. Con todo, tener una estructura sencilla de este tipo nos puede ayudar mucho a la hora de organizarnos y priorizar nuestros esfuerzos cada día. De hecho, consideramos que un patrón de este tipo puede ser de tanta utilidad que la parte más importante de nuestros tutoriales en exegetica.net gira en torno a este proceso semanal. Además, como nuestra convicción es que normalmente transmitimos mejor el pensamiento bíblico si predicamos series sobre libros bíblicos completos, nuestro trabajo semanal ganará mucho en calidad y eficiencia si agregamos una etapa inicial de Preparación Previa. Finalmente, enfatizar la importancia de no perder de vista este patrón global.

  • Sí, al igual que cada disciplina está compuesta de aspectos definibles, en cada aspecto se pueden identificar tareas y sub-tareas que los componen.
  • De ahí que aparezcan tantos artículos y tutoriales – ¡sobre todo cuando pasamos al desarrollo de esas tareas y sub-tareas en una herramienta tan multi-funcional como el software bíblico de Logos!

Si acabamos pensando exclusivamente en torno a las múltiples prestaciones del software, o de las muchas tareas y sub-tareas que hay que realizar, el trabajo nos parecerá extremadamente confuso, laborioso e interminable. De ahí que volvemos a resaltar el patrón global. Es lo de siempre cuando se comenta lo del bosque y los árboles.

  • Las 3 Disciplinas son el bosque.
  • Los objetivos diarios son los árboles.

Si mantenemos estas distinciones claras en nuestra mente, los muchos detalles del software o de las tareas recomendadas no nos harán un lío en la cabeza. Es más, al sentarnos un martes, por ejemplo, para seguir estudiando sobre el pasaje del domingo, sabremos en qué lugar exacto del bosque nos encontramos.

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Panorámica 2. Evitar sermones malformados

Panorámica 2.

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Panorámica 2. Evitar sermones malformados (texto)

Nuestra misión en exegetica.net consiste en “Apoyar la eficiente preparación de predicaciones dinámicas que son máximamente fieles a las Escrituras.”

De ahí que enfaticemos las 3 disciplinas esenciales de toda predicación o enseñanza bíblica buena.

  1. Hay que descubrir el sentido original del texto bíblico. Exégesis.
  2. Hay que interpretarlo para nuestros tiempos y contexto. Hermenéutica.
  3. Hay que comunicarlo de una forma eficaz a la gente que tenemos sentada delante. Homilética.

Siempre que te esfuerces en estos tres terrenos con esmero e integridad (evidentemente, dentro de los parámetros de tiempo que Dios te concede), puedes estar razonablemente tranquilo de estar expresando el pensar de Dios. Puede que cubras estas tres cuestiones en 10 pasos, o 13 o 29 o 4, pero debes cubrir las tres o tu preparación tendrá carencias.

Pero pensemos sobre esta última afirmación unos momentos. ¿Qué pasa si no realizas las 3 disciplinas de manera adecuada? Creo que verás sermones mal formados de maneras bastante características.

  1. Si sólo llevas el fruto de la Disciplina 1 al púlpito, puede que compartas tus descubrimientos, pero no estarás realmente predicando. Tendrás información. Sabrás cuándo se escribió el original, en qué circunstancias, a quiénes iba dirigido, etc. Sin embargo, esto no significa que automáticamente sepas qué tiene que ver con las personas que tendrás delante el domingo. Además, sin pensar en cómo has de presentarlo, puede que toda la información sea correcta pero que la gente se duerma al escucharlo porque no ven ninguna relación evidente con la vida que a ellos les toca vivir.
  2. Si sólo desarrollas lo correspondiente a la Disciplina 2, te expones al peligro de cometer “eiségesis,” es decir, introducir al texto un significado que no está realmente ahí. Lo más probable es que acabes predicando un mero reflejo de ti mismo o del sistema teológico que has adquirido con el paso de los años. Me temo que gran parte de la predicación estudiada que hay, hoy en día, comienza aquí. Sé que yo también me he encontrado haciendo esto con cierta frecuencia: presumiendo saber más sobre un texto particular de lo que realmente sé. ¡Esta no es una buena manera de proceder!
  3. Si sólo enfocas la Disciplina 3, lo más probable es que prediques o enseñes espuma. Mi impresión es que demasiado de lo que se predica y publica hoy en día ha sido trabajado de esa manera. Se escogen un par de palabras clave del texto, luego se dice lo que viene a la cabeza, haciendo referencia a esas palabras clave un par de veces, para que parezca un estudio legítimo. Pero existe una diferencia enorme entre realmente decir lo que dice el texto, y decir lo que uno quiere con alguna referencia al texto.

Y si se puede pecar con una disciplina, también con dos. Es decir, también sería interesante pensar sobre las malformaciones expositivas que se darían combinando 2 de las 3 disciplinas.

  1. Exégesis y Hermenéutica sin Homilética.
  2. Exégesis y Homilética sin Hermenéutica.
  3. Hermenéutica y Homilética sin Exégesis.

Me da la impresión de que la criatura del primer emparejamiento sería una clase magistral con destellos de brillantez que impresionan al oyente sin que le llegue a tocar el corazón.

El retoño de la segunda combinación sonaría a una predicación estupenda … para el primer siglo.

El engendro de la tercera unión probablemente sea lo que aparece en el típico púlpito liberal. Muy bonito. Muy actual. Muy carente de la voz de Dios.

Cada una de las tres disciplinas es esencial. Trabájalas como mejor te parezca, pero trabaja cada una de ellas lo mejor que puedes en el tiempo que Dios te concede.

Haciendo eso podrás ofrecer a tus oyentes la autoridad del original en cada predicación.

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Panorámica 1. Las 3 disciplinas de la buena predicación

Panorámica 1.

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Panorámica 1. Las 3 disciplinas de la buena predicación (texto)

¿En qué consiste la buena predicación?

De hecho, ¿en base a qué criterios deberíamos trabajar para que cada semana nuestros sermones alimenten a nuestra congregación de una manera que agrade a Dios?

La respuesta está en un conjunto de 3 disciplinas que engloba el proceso de preparar una predicación.

  1. Exégesis
  2. Hermenéutica
  3. Homilética

Estas tres palabras no suelen aparecer en una conversación normal, así que quizás nos ayude hacer referencia a las tres preguntas que pretenden contestar.

  1. Exégesis – ¿Qué dice? (Específicamente, ¿qué quería el autor bíblico comunicar a sus lectores originales?)
  2. Hermenéutica – ¿Qué significa? (Concretamente, ¿qué relevancia tiene para nosotros hoy en día?)
  3. Homilética – ¿Cómo lo presento? (Es decir, ¿Cómo he de estructurar y presentar el mensaje para que llegue a mis oyentes con toda su autoridad divina?)

Estas son las 3 disciplinas esenciales de toda predicación o enseñanza bíblica buena.

  1. Hay que descubrir el sentido original del texto bíblico.
  2. Hay que interpretarlo para nuestros tiempos y contexto.
  3. Hay que comunicarlo de una forma eficaz a la gente que tenemos sentada delante.

¿Quieres asegurarte de que tus predicaciones gocen de la mayor calidad posible? Refuerza tus destrezas en estas 3 disciplinas. Ocúpate de estas 3 disciplinas al preparar cada sermón.

Exegética.net está aquí para apoyarte.

  1. Queremos reforzar tu pericia en cada una de las 3 disciplinas.
  2. Y si responde a tu situación y posibilidades, también queremos ayudarte a acelerar y mejorar tu labor con la incorporación de medios informáticos.

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